“El hombre vio
su rostro sucumbir.
Que se abra
bien la casa de la historia.
Que se revise
el trono de la gloria,
porque un
hombre sin rostro va a morir”
Silvio
Rodríguez
Desde el triste anonimato de lo que implica
convertirse en agente de la Seguridad del Estado, Alberto Delgado encontró su
fin. Aquel personaje nacido en las
cercanías de Trinidad, pasaría a encabezar una triste página en la defensa de
este “pedazo de tierra en el mar”. Pasaría a la historia además como El Hombre
de Maisinicú.
