Los que lo conocen dan testimonio fiel de sus historias.
Quizás entre risas y exageraciones, su fama como narrador trasciende los
espacios en que coinciden los que como yo, lo consideramos un amigo.
Su vestir tradicional y su rostro sereno adornado por un
peculiar bigote del que no quiere desprenderse, lo retratan como el guajiro de
costumbres dichosas que aún conserva la magia de contar leyendas, tradiciones y
fábulas al oído curioso. Entre plantas de café descomunales, delfines varados
que desafían longitudes y la magia del ballenato, narra Tomás Elías Ramírez los
curiosos sucesos de Guamá.
